Inaugurada en setiembre de 2007, esta sala exhibe una selección de los amplios fondos de dibujo y obra en papel del Museo de Arte de Lima, que acreditan con particular elocuencia la variedad de manifestaciones presentes en estos géneros desde el siglo XIX hasta fines del siglo XX. Se trata, sin duda, de la mayor colección de este tipo en un museo o repositorio peruano, integrada por más de un millar de piezas, entre dibujos, acuarelas y grabados. La virtual ausencia de piezas de la época colonial se explica en parte por las escasas obras que se han conservado, aunque existen testimonios tanto sobre la difusión de la estampa grabada como de la práctica del dibujo en la formación de los pintores coloniales.

Las obras que abren el recorrido, una imagen religiosa y otra dedicada a conmemorar a Simón Bolívar, se deben a Marcelo Cabello (act. c. 1790-1826), uno de los principales grabadores en el paso de la colonia a la república. Ellas representan el cambio que se suscitó en las artes plásticas a partir de la independencia, cuando la iconografía religiosa fue cediendo paulatinamente el paso a una imaginería civil. Pronto, la estampa y la acuarela sirvieron para representar a los nuevos héroes republicanos, para satirizar en caricaturas las luchas políticas o para describir los trajes y costumbres que iban construyendo poco a poco ciertos símbolos de la identidad nacional.

El costumbrismo y la representación del país
El costumbrismo fue uno de las constantes de las artes plásticas del Perú a lo largo del siglo XIX. La representación de tipos locales surgió del deseo por definir los rasgos típicos que pudieran definir el carácter cultural de la nueva nación. Esta vocación descriptiva, heredera del empirismo de la Ilustración, confluyó con el interés de los viajeros y el desarrollo del nacionalismo. Para la década de 1830 el artista autodidacta Pancho Fierro (1807-1879) y el pintor académico Ignacio Merino (1817-1876) ya habían desarrollado un vasto conjunto de imágenes de Lima en grabados y acuarelas que describían a los pregoneros, las procesiones y otras celebraciones de la vida pública. Los artistas de su generación fueron testigos de la transformación del Perú tras la apertura del país al comercio internacional, y vieron desaparecer los últimos vestigios de una cultura colonial ante los embates de la modernización. La amplia difusión y la frecuente repetición de estas imágenes a través de la pintura al óleo, el grabado y la acuarela otorgaron al costumbrismo un papel dominante en la consolidación de una imagen nacional tanto para viajeros como para la burguesía local.

Los artistas viajeros contribuyeron significativamente a definir una imagen del país y la colección cuenta con un conjunto representativo de este tipo de obras. Destacan piezas como la vista de la plaza de armas de Lima, debida a J.M. Rugendas, uno de los artistas que contribuyeron a forjar la imagen romántica de la naturaleza y la cultura americanas por medio de sus apuntes y estampas. Están también representados artistas como Manuel Ugalde y los dibujantes del naturalista italiano Antonio Raimondi, quienes emprendieron algunos de los primeros registros científicos del territorio.

El dibujo académico
El conjunto más relevante de la colección de dibujo del Museo corresponde al arte académico del siglo XIX. Está compuesto por estudios del natural y bocetos que reflejan el trabajo de taller de los artistas peruanos formados en Europa y que gravitaron fuertemente sobre el panorama artístico local hasta 1919, año de la fundación de la Escuela Nacional de Bellas Artes. Destacan por su abundancia y calidad los dibujos de Carlos Baca-Flor (1857-1941), Francisco Laso (1823-1868), y Enrique Domingo Barreda (1879-1944). También hay piezas significativas de la escuela indigenista liderada por José Sabogal (1888-1956), así como de los movimientos subsiguientes, que significaron la apertura del país hacia la modernidad internacional.

La colección de obra gráfica de Carlos Baca-Flor (1864-1941) forma un conjunto de particular interés para comprender el proceso de la enseñanza académica, que privilegiaba a la figura humana y, por tanto, basaba su método en el dibujo del natural. En los estudios, bocetos y academias de Baca-Flor puede seguirse, paso a paso, la lenta adquisición del oficio artístico desde el estudio de la geometría, la anatomía y la copia de estatuas antiguas hasta el dibujo del modelo vivo. En los dibujos de Francisco Laso (1823-.1869), educado en París con el pintor académico Charles Gleyre, encontramos en cambio ejemplos notables del uso del dibujo como estudio o boceto para la preparación de ambiciosas composiciones pictóricas. En los estudios previos para su gran lienzo El entierro del mal cura o para Santa Rosa de Lima se encuentran delineados con gran exactitud los perfiles de algunas de las figuras que conforman la composición final.

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